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historias de barcelona gay

Día Internacional del Orgullo

El régimen franquista y su trato a la homosexualidad en Barcelona

El conocimiento general sobre la forma en que el régimen franquista trataba a los homosexuales es bastante extendido. A partir de 1954, la Ley de vagos y maleantes estableció oficialmente la prohibición de sus relaciones. Sin embargo, a través de la revisión de los archivos policiales de la época en Barcelona, Geoffroy Huard, experto en la historia de este colectivo, nos presenta una perspectiva diferente.

De acuerdo con Huard, el régimen franquista toleró en cierto grado estilos de vida alternativos, siempre y cuando estos se mantuvieran en los márgenes de la sociedad. En el caso de Barcelona, la "frontera" de lo aceptable estaba marcada por las Ramblas y el puerto.

El barrio chino, con sus estrechas y poco iluminadas calles, proporcionaba el escenario perfecto para convertirse en un espacio marginal. Allí, prostitutas, traficantes de drogas y carteristas convivían en sus rincones. Un grupo pintoresco en el que destacaban los travestis, quienes se paseaban por la zona con atuendos provocativos y maquillajes llamativos. Por su parte, los chaperos, buscaban clientes de manera más discreta.

Continuando la lucha por la igualdad de la comunidad LGBT

La vida homosexual en Madrid también fue relegada a los márgenes de la sociedad. Según el sociólogo especializado en urbanismo Renaud René Boivin, en su artículo en La Ventana, los homosexuales solían frecuentar lugares cercanos a la Gran Vía y el barrio de Lavapiés.

Pero no solo se limitaban a las calles. A pesar de la Ley de vagos y maleantes, en los años sesenta surgieron locales como el Sacha's, un bar que ofrecía espectáculos de travestismo. Además, lugares más refinados como el Café Gijón, el Olivier o el Gades se convirtieron en puntos de encuentro para la comunidad homosexual. Estos establecimientos atraían especialmente a intelectuales de izquierda, que compartían su oposición al régimen franquista, aunque no todos eran homosexuales.

La ciudad de Barcelona destacó por su activismo intelectual más contundente. Este grupo, que se reunía en casas privadas como la del genealogista y activista Armand de Fluvià, emprendió iniciativas como el envío de folletos a algunos procuradores en Cortes. Sin embargo, su momento llegó después de la muerte de Franco en 1975, tras una redada en un bar gay de Nueva York que causó conmoción a nivel mundial.

Fin de siglo

Lucio Castro, nacido en Buenos Aires en 1975, tenía planes de ser médico, pero su amor por el cine desde la infancia lo llevó a estudiar dirección en Argentina. No obstante, tomaría cierto tiempo para hacer realidad su sueño de crear imágenes detrás de la cámara, ya que también se apasionó por la moda y tuvo una trayectoria exitosa en estudios como Marc Jacobs y Armani Exchange. A pesar de su interés tardío en el mundo de la moda, su fascinación por la relación entre la ropa y el cuerpo siempre estuvo presente. De hecho, sus colecciones de moda de alguna manera estuvieron relacionadas con su amor por el cine.
Después de experimentar con algunos cortometrajes, el año pasado se aventuró en su primer largometraje, "Fin de siglo", una historia de amor aparentemente fugaz entre dos hombres que se encuentran en Barcelona y cuya relación trasciende a través de una narración juguetona con el tiempo y el espacio, mezclando la realidad, el recuerdo y la imaginación. Como le gusta abordar sus creaciones, el director aficionado de Nueva York describe la película como una historia compleja elaborada con elementos simples.
Además de dirigir, Castro también escribió el guión de "Fin de siglo". Se imaginó a un personaje llegando a una ciudad como turista y lo sigue en su camino hasta su piso de alquiler, donde deja su mochila en la mesa de la cocina, revisa la nevera y echa un vistazo a los libros en los estantes. El director describe su proceso de escritura como si estuviera leyendo, sin adherirse a una estructura específica. Le interesa que la escritura fluya y descubrir a los personajes como otro espectador más. De hecho, mientras los dos personajes toman una copa de vino en Montjuïc, se le ocurrió que uno de ellos dijera: "Ya nos habíamos conocido antes..."
Lucio Castro, nacido en Buenos Aires en 1975, tenía planes de ser médico, pero su amor por el cine desde la infancia lo llevó a estudiar dirección en Argentina. No obstante, tomaría cierto tiempo para hacer realidad su sueño de crear imágenes detrás de la cámara, ya que también se apasionó por la moda y tuvo una trayectoria exitosa en estudios como Marc Jacobs y Armani Exchange. A pesar de su interés tardío en el mundo de la moda, su fascinación por la relación entre la ropa y el cuerpo siempre estuvo presente. De hecho, sus colecciones de moda de alguna manera estuvieron relacionadas con su amor por el cine.
Después de experimentar con algunos cortometrajes, el año pasado se aventuró en su primer largometraje, "Fin de siglo", una historia de amor aparentemente fugaz entre dos hombres que se encuentran en Barcelona y cuya relación trasciende a través de una narración juguetona con el tiempo y el espacio, mezclando la realidad, el recuerdo y la imaginación. Como le gusta abordar sus creaciones, el director aficionado de Nueva York describe la película como una historia compleja elaborada con elementos simples.
Además de dirigir, Castro también escribió el guión de "Fin de siglo". Se imaginó a un personaje llegando a una ciudad como turista y lo sigue en su camino hasta su piso de alquiler, donde deja su mochila en la mesa de la cocina, revisa la nevera y echa un vistazo a los libros en los estantes. El director describe su proceso de escritura como si estuviera leyendo, sin adherirse a una estructura específica. Le interesa que la escritura fluya y descubrir a los personajes como otro espectador más. De hecho, mientras los dos personajes toman una copa de vino en Montjuïc, se le ocurrió que uno de ellos dijera: "Ya nos habíamos conocido antes..."

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